Calor en el ambiente. ¡Mucho! en un mes de julio especialmente «en su papel». Y calor del público. Una tarde noche de eclipse lunar (vamos a aceptar el reto de seguir escribiendo historia de «eclipse y teatro» dentro de 15 años, ¿de acuerdo?) que hizo de «Deixam la dona, Pepet» la protagonista de una noche muy entrañable. Los actores (Mari Carmen, Sheila, Vicent, Daniel, Jose, José Luis Romero, Ximo, Juanan y Julio) y el cuerpo logístico (José Luis Risueño, Verónica y Roberto) disfrutaron de lo lindo de la experiencia. ¡Y el público todavía más!

Y es que tal era la conexión público-obra que los murmullos del respetable (por cierto, super respetuoso) cada vez que un personaje nuevo iniciaba la acción -y que iba a complicar más la trama- se dejaban oír y avanzaban la «tragedia» dramática de esta «joya» de la literatura popular valenciana. Ello y el gran número de interrupciones por aplausos (sin duda la vez que más se han producido) hicieron una auténtica delicia de esa hora y media larga que duró la representación.

El que no acabó de divertirse totalmente fue nuestro director, Vicent Collado, que, en la espera de una de sus salidas detrás del escenario, protagonizó una espectacular caída (entre las escaleras y los hierros del escenario) y que nos asustó sobremanera y que, afortunadamente quedó en una anécdota. Dolorosa, eso sí, casi tanto como el bastonazo que, «de raspalló», le propina -de manera ficticia- el padre en la ficción de Juana al novio de la susodicha. Recordando otra obra mítica, «El tío Cavila», se le podría haber dicho a Vicent: «no pega un volantinero la volta que tú has pegat». Pero bueno: todo pasó sin mayores consecuencias.

El tamaño contenido del escenario tampoco fue mayor problema pues la veteranía de los actores hizo que se supliera con imaginación y eso que es una obra de «mucho barbudo enfadado con gaiato». Frente a ello fintas y requiebros y un sofá al que se le dieron unas cuantas decenas de vueltas.

Para la historia una noche especial en una ubicación especial (una bocacalle sin salida alejada de ruidos y tráfico), un público entendido y una luna eclipsada que nos acompañó durante toda la representación. De principio a final.

Y, ya que fue una noche tan especial, aprovechamos para hacer una sesión de fotos especial: nada de representación, sólo los previos y bambalinas. ¡Lo que la gente no ve! Esperamos que les guste. Feliz verano y VISCA EL CRESOL

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