Primer día de fiestas de esta pujante y noble localidad y una actuación que podríamos calificar de nivel o, mejor, de «desnivel» pues tal era el plano respecto a la situación de planicie que nos acompañó tarde y noche. En dichas condiciones EL CRESOL puso en escena un programa extenso y completo compuesto por dos sainetes valencianos: el breve pero muy resultón «Lío en la Clínica dental» y el probadamente interpretado y garantía de éxito «Tío Cavila»

Lo del desnivel tiene su razón en cuanto al escenario que nos encontramos: bien es cierto que la calle (la actuación era al aire libre) ya de por sí tenía una generosa pendiente pero también lo es que el escenario había sido montado, sus patas, a diferente altura para compensar tal accidente urbano. ¡Pero lo bien cierto es que ni calle ni escenario allí montado tenían intención alguna de acoplarse a la que hubiese sido bienvenida situación de planicie! por lo que el montaje de tableros tuvo que contar con las debidas correcciones a cargo del «capo ingeniere» José Luis para que aquello fuera compensado de alguna manera. Tacos de madera complementarios, listones de apoyo, ubicación de paneles… todo fue rehabilitado para esa fin. ¡¡Y se logró!!

Una vez montado y antes de actuar (23h) fuimos a cenar a un bar con terraza exterior y nuevamente el mobiliario hostelero se caracterizaba ¡por una acusada pendiente en mesas y sillas!. Simpática anécdota que no evitó la ingesta de generosos bocadillos bien rellenos con ingredientes del terreno (y de fuera de él, ¡sin complejos!)

Ya en la actuación tuvimos la grata nueva del lleno prácticamente absoluto del patio de butacas montado al efecto y la complicidad de un educado silencio durante toda la actuación. El muy adecuado montaje de sonido y luces (gracias, Pepe, así da gusto) también contribuyó a hacer de este último viernes de agosto una jornada para recordar. Artísticamente «Lío en la clínica dental» conectó enseguida con un amable público que captó de principio a fin la trama y sus guiños locales a cargo de Vicent Collado quien con sus golpes de efecto causó el efecto esperado. Posteriormente «El tío Cavila» contó con el mismo público, ya entregado, y la aventuras y desventuras del pobre Don Ramón (Juanan sublime en uno de los papeles de su vida) hicieron que las felicitaciones posteriores nos vinieran a nivel de la última frase del libreto «una pluja de palmaes».

Otra noche para recordar y un nuevo impulso para un grupo teatral que lucha para ser cada día más grande. VISCA EL CRESOL.

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