El 9 d’octubre, festividad en la Comunidad Valenciana, nos desplazamos hasta la comarca del Baix Maestrat para actuar en la capital histórica del Maestrazgo, Sant Mateu. En un bonito y moderno auditorio representamos «El tío Cavila» con el que conseguimos, una vez más, llegar al público arrancando risas y sonrisas gracias al divertido sainete de Eduardo Escalante que retrata de manera sublime, entre un ramillete de pintorescos personajes, la figura del hombre acosado por sus preocupaciones y manías. Una vez más Juanan logró dar brillante vida al dicho personaje. ¡Bravo, compañero!

Junto a él, el debut sobresaliente de Nuria, Gisela y Luis (¡bravo por los tres: aprovechásteis esta ocasión única!) y los habituales Vicent, Gema, Sheila, Francisco, Ximo y Julio, más el dúo musical «The Risueño’s All Star» (José Luis y Daniel). José Manuel en luces y control de sonido y Verónica en peluquería, maquillaje y reportaje gráfico, completaron la expedición.

Nada más llegar el tema se facilitó sobremanera (y no es lo habitual) pues las fuerzas vivas de la localidad, más la policía local, más los organizadores, más los responsables del auditorio, más los técnicos de luces y sonido… estuvieron esperándonos a la entrada del auditorio. ¡¡¡Y todos ellos personificados en un único «policero» que valía para todo!!! ¡Si el susodicho se traslada a Moncloa en menos 5 minutos forma gobierno! ¡Felipe Uve Palito, llámale, pero ya!

Tanta era la competencia de nuestro anfitrión uniformado que, a la vista de la falta de luces en el escenario, tomó la iniciativa (y una llave que no nos atrevimos a preguntar de dónde la sacó pues aparentemente era una llave) y de un almacén sin señas ni distinitvos nos aprovisionó de focos y columnas de luz. No lo dijo pero entendimos un «montad y no preguntéis». ¡Un escándalo de efectividad, oiga!

Durante la representación nos llevamos lo mejor y más sentido del público: el aplauso sincero y las felicitaciones espontáneas. Ahora bien, lo que también nos llevamos -a la entrada y a la salida- fueron los efluvios de cierto perfume (con muchas reminiscencias a «Eau de merde») cuya contundencia y persistencia hizo que el desmontaje marcara un record absoluto de ¡12 minutos de reloj! tras los cuales y sin perder un segundo nos pusimos en carretera sin que nadie osara a sugerir otra alternativa a este plan de escape.

Una distendida cena a la que prácticamente acudimos todos, y con inusitado avance respecto a la hora prevista (consecuencia en gran parte de los mentados efluvios del interior del Maestrazgo) puso el broche final a otra jornada para el recuerdo.

Camino del final de temporada… VISCA EL CRESOL!!

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